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Pega desesperanza a 3 generaciones en América Latina

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América Latina tiene una juventud con baja participación política, la religión ha dejado de ser un factor que incide en sus vidas, no creen en el matrimonio, leen menos y sus referentes están en internet. Las crisis financieras, el consumismo, el hecho de que una educación superior no les garantiza el empleo, y el desarrollo tecnológico han marcado su estilo de vida, en un entorno en el que impera la desesperanza y la noción de un “futuro seguro” se diluye. 

En la región hoy conviven tres generaciones distintas con un factor común: luchan por encontrar su lugar en ciudades y sistemas económicos frágiles o incluso derrotados. Los Baby Boomers (50-69 años), Generación X (34-49 años) y Generación Y —también conocida como Millennials— (17-33 años), coexisten en un espacio socio político que no tiene la sofisticada habilidad que ha exhibido la sociedad de consumo para adaptarse. Satisfacciones inmediatas, placeres instantáneos, expresiones y emociones fugaces, imágenes efímeras son parte del marketing en un mundo de colosal consumo que contrasta con las secuelas de la crisis económica internacional, sin que los países de América Latina y el Caribe sean la excepción. La sociedad de consumo se renueva y se acerca a una nueva generación con promesas de diversión y sensaciones ilimitadas, aún cuando gran parte de ella esté sin trabajo o sus empleos se distingan por salarios bajos, la ausencia o precariedad de beneficios laborales y la informalidad, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). 

Los mexicanos La respuesta común entre las personas de 25 años y más de 44 años es: “No hay trabajo”. Han escuchado durante tres décadas “estamos en crisis”, como justificación a sus necesidades económicas no resueltas. Para algunos existen casi nulas opciones de adquirir una vivienda y la residencia de los padres se preserva como su espacio. Quienes hoy son mayores de 45 años tenían más certezas incluso en el ámbito espiritual, pues aunque fuese la católica —una religión impuesta desde el nacimiento—, los rituales religiosos se conservaron. Hoy las personas entre 24 y 44 años, tienden a no contraer nupcias, ni firmar un documento civil, prefieren las uniones consensuales y encuentran respuestas a su desesperanza en otras creencias, incluso relacionadas con brujos y magia. Un beneficio del cual gozaron las generaciones de entre 25 y 49 años fue el acceso universal a la educación, pero con algunas limitaciones a la continuidad de sus estudios en la educación media superior y superior. Sin embargo, la mayor escolaridad no les aseguró mayor bienestar. Hoy los más jóvenes ni siquiera leen como sus antecesores y tienen como referencia de consulta, el internet. La Generación Y mexicana está conformada por jóvenes nacidos a partir de la década de los 80, que no cree en la política que surge de los partidos. De acuerdo con especialistas, sus expectativas de estudios son altas. Cada vez más estudian posgrados, pero se enfrentan a una economía que no les favorece. El Panorama Educativo 2013, estudio de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), advierte que pese a tener uno de los mejores niveles educativos, son más vulnerables al desempleo, ya que al menos 7.2% de quienes tienen estudios universitarios y están en un rango de edad de 25 a 34 años no tienen trabajo. Sólo 3.4 % están en esa situación entre los adultos de 35 a 44 años. Los nacidos en la generación de los 80 ven un futuro desesperanzador. Tienen una paradoja: su expectativa de vida es de 75 años pero su plan de vida se acorta, la situación económica no les permite planear un proyecto de vida a largo plazo, lo que explica también su incorporación a la actividad delictiva a tempranas edades. Las aspiraciones en su infancia se habían elevado, les dijeron que podrían resolver su mundo estudiando. No obstante, muchos se quedan en el camino porque, de acuerdo con la misma OCDE, en México, 58% de los jóvenes de entre 25 y 34 años de edad, abandonaron sus estudios antes de completar el bachillerato, y junto con Turquía, ocupa el primer lugar en deserción, entre 33 países. La generación Y es la primera en la historia que ha convivido siempre con los nuevos desarrollos tecnológicos de la información y que no concibe el mundo sin ellas. Este consumo de horas-internet, la vivencia con el mundo de las comunicaciones y de la informática ha llegado a condicionar sus hábitos de vida, comunicación y trabajo. Los jóvenes de este rango son más individualistas que generaciones anteriores y reivindican la autonomía en sus opiniones y actuaciones, situando su ámbito personal por encima de las consideraciones de orden laboral y social. 

Menores expectativas “Me crié siendo clase media pero creo que voy a ser clase media baja porque aunque gano un sueldo decente todo está tan caro que no me va a dar... yo pensaba que me merecía más. He trabajado para más”. Es la reflexión de Mariana García, una joven profesional de Puerto Rico con posgrado universitario, que batalla para encontrar su estabilidad en la aun débil economía estadounidense. García, quien tiene un empleo de confianza en el gobierno, es uno de los cientos de miles de jóvenes profesionales que se disputan su lugar en un enorme ecosistema social donde hay escasez de empleo, una generación anterior más numerosa y una generación que le sigue que se replantea si la educación formal y las aspiraciones usuales de progreso les rendirán los frutos que sus padres tuvieron. Al fin y al cabo, el trabajo dejó de percibirse como el escenario de la tan ansiada “realización personal” donde se hacía lo que a uno le apasionaba como modo de “ganarse la vida”, para convertirse en el medio que proporciona a la nueva generación el ingreso para cumplir, fuera de él, sus deseos, explicó Karen Entrialgo, profesora de la Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo (UPRA). La situación económica de Latinoamerica y el Caribe es heterogénea pero gran parte de esos países han experimentado en los últimos dos años y medio una desaceleración del extraordinario crecimiento económico que se registró a partir de 2009, aunque no han llegado a una recesión como la experimentada por varios países desarrollados, según informes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). De hecho, Cepal proyecta para 2014 un crecimiento de 2.2% en la región del Caribe y América Latina, una cifra mucho menor al crecimiento registrado entre el 2009 al 2011. De igual manera, en países como México, que según cifras de la Cepal han tenido buenos niveles de crecimiento económico en los últimos años, las generaciones más jóvenes también enfrentan un alto grado de incertidumbre en la posibilidad de hallar trabajo. Carlos Welti, maestro en sociología con especialidad en demografía del Instituto de Investigaciones Sociales de México, señaló que la población entre 25 a 44 años confronta dificultades para encontrar empleo, lo que a su vez ha hecho que muchos no puedan adquirir una vivienda propia. 

No obstante, la realidad de los países de la región coincide en que las reglas del juego dictadas por las dinámicas del capital respecto a la producción, el trabajo y el consumo han cambiado prácticamente para todos. Esta transformación ocurrió cuando la Generación X entraba al mundo laboral. De repente, dio al traste la ecuación que nos había llevado al ámbito de las certezas y del “futuro asegurado”. Aquella premisa de que estudiar te llevaba al diploma, y el diploma te llevaría al trabajo y este a su vez te garantizaba una estabilidad económica y personal se vino abajo, expuso Walti. 

Mosaico latinomericano Si miramos el rol que han tenido estas tres generaciones en otras partes de Latinoamérica aflorarán algunas diferencias. Welti explicó que en México tanto la Generación X como la Y tienen una participación electoral más baja que la que tenían los Baby Boomers, quienes además se involucraron en movimientos ideológicos para exigir derechos que involucraban obreros, campesinos, amas de casa y estudiantes. Sin embargo, en otros países latinoamericanos la relación economía-política-generación parece tener otras características. Por ejemplo en Brasil, el país de mayor población con más de 200 millones de habitantes, los Baby Boomers de más edad alcanzaron la adultez cuando se promulgó la dictadura militar, mientras que los más jóvenes alcanzaron los 20 años en la cúspide de las elecciones directas y la democratización, explicó Melo Vieira, profesora en Universidad de Campinas. Mientras que en Puerto Rico se percibe a los Y como individuos con algún grado de indiferencia a la participación política, para este mismo grupo en Venezuela, la participación electoral representa un importante medio para lograr cambios políticos y sociales, opinó Anitza Freites, directora del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la Universidad Católica Andrés Bello. Otro importante aspecto de la Generación Y en Venezuela es su proporción poblacional. Este grupo cuenta con 9 millones de individuos, lo que casi triplica las 3.2 millones que pertenecen a la Generación X, mientras es más del doble de la población Boomers, que contabiliza unos 3.8 millones de personas. Esto sin duda le imprime un papel protagónico a este grupo joven tanto en el mercado laboral como en aportación social. Por su parte, Arnaldo Guerrero, consultor de la compañía Arellano Marketing, destaca que la Generación Y en Perú es muy afortunada, comparada con los Baby Boomers, que empezaron “a vivir con la reforma agraria, luego con la hiperinflación y la aparición de Sendero Luminoso. Han visto una caída muy fuerte y hoy recién ven cómo se levanta todo”.