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Las “autopistas” acuáticas quieren abrirse paso en América Latina (El País)

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Imagínese una vía de miles de kilómetros de largo sin baches, sin peajes y sin atascos que conecta tres grandes regiones de unos de los países más grandes del mundo. Una vía fluvial que pudiera ser utilizada por igual para el transporte de pasajeros y de carga. Y que además, sea completamente ecológica y no haya que gastar ni un solo dólar en construirla. 

Ahora imagínese que esa vía ya exista y que no haya tenido prácticamente ningún uso durante medio siglo, y que los habitantes de esa región utilicen, en su lugar, carreteras peligrosas y en malas condiciones, llenas de conductores con agotadoras jornadas de manejar durante horas sin descansar. 

Y para agregarle un detalle más a este panorama, imagínese que esto ocurra en una de las regiones más pobres de un país donde se gastan $31.616 millones de dólares al año en transporte, una cifra que representa casi el 40% del total de gastos nacionales en logística. 

No es Rusia, no es China: es Brasil. 

Producto de una estrategia adoptada en la década de los sesenta para dar prioridad a las carreteras en el desarrollo del campo, actualmente el país tiene 214.000 kilómetros de vías pavimentadas, 1 millón 300 mil kilómetros de carreteras sin pavimentar y 30.000 kilómetros de vías férreas.